Y yo le digo, le repito, en un ahogo de tos y en una ataque de celos, "tengo que aprender a ser luz".
Se me ríe, porque sabe de donde lo saqué, que conjeturas usé, que diccionarios me miraron de reojo y que tiempo libre me estaba siendo usurpado.
Lugares comunes en los que evito caer, porque uno siempre en esos cubículos de normalidad se encuentra, general y particularmente, con la mismísima gente.
Es el desertor, y se limita a hacer su trabajo.
Yo no obligo a nadie a más nada, prefiero obligarme a mí misma este tipo de cosas.
Y un montón de textos debería guardármelos, por pudor o por miedo al espanto que podría a llegar a provocar el sincericidio que tanto les gusta a todos.
Pero que ninguno se banca cuando le llega su turno.
"a 18 minutos del sol" es un buen álbum para ponerse a leer.
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